Una pareja me pidió un dormitorio en el que sentirse siempre de vacaciones en la playa. Tenía que respetar el armario empotrado con dos puertas de espejo, el suelo de baldosa y dos mesitas que acababan de comprar. La propuesta: un cabecero a medida, un papel mural de gran formato simulando las sombras de una playa y una cama con un dosel muy estrellado.