Más allá del arcoíris

Bajo el arcoíris, una escultura móvil con pájaros de cristal vuelan sobre un campo de amapolas… ¿Recordáis la canción que cantaba Judy Garland en «El Mago de Oz»? «En algún lugar, sobre el arcoíris, los cielos son azules, los sueños que te atreviste a soñar realmente se hacen realidad (…), los problemas se derriten como caramelos de limón. En algún lugar, sobre el arcoíris, los pájaros azules vuelan. Si los felices pequeños pájaros azules vuelan más allá del arcoíris, ¿por qué no puedo yo?».

La canción «Somewhere Over The Rainbow» marca la banda sonora de la historia de [ma], el proyecto que diseñé para Marbella Design & Art 2023. El espacio, un apartamento de 76 m2, tenía inspiración japonesa y muchos guiños a la película. No sólo la escultura móvil que diseñé con pájaros y amapolas (y que hice realidad gracias a Susana Martín y Aneliia Trifonova), sino que para llegar al arcoíris había que recorrer un sendero de baldosas de terrazzo y pasar por dos tormentas, la misma tormenta que arrastró la casa de Dorothy hasta Oz. Pero Dorothy no estaba sola en la película, así que le pedí a DCuero Zaragoza diseñar un sombrero para cada uno de los personajes: el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata, el León y también para Dorothy y para mí, el Mago de Oz. Cinco sombreros hechos a mano que vestían el vestidor.

Dorothy y sus nuevos amigos consiguieron el objetivo de llegar a Oz (y a casa) por su perseverancia, constancia y esfuerzo. ¡Y qué mejor símbolo de perseverancia, constancia y esfuerzo que el Daruma! El Daruma es un amuleto japonés que nace de una leyenda sobre un monje que perdió los brazos y las piernas por meditar nueve años en una cueva sin moverse, por eso se le representa como una cabeza sin ojos. La tradición marca que no se trata de pedirle un deseo al Daruma, sino de fijarnos un objetivo personal, el ikigai como dirían los japoneses. Una vez marcado el objetivo, se le pinta un ojo y se coloca en un lugar visible de la vivienda para recordarnos esa motivación o impulso necesarios para cumplir nuestro objetivo (por eso, yo ubiqué dos Darumas de porcelana en una de las mesas de cristal en la entrada de día). Y una vez logrado, se le pinta el segundo ojo.

Perseverancia, constancia y esfuerzo para seguir avanzando casilla a casilla. Tampoco era casual que hubiera un parchís sobre la cama, un tablero de parchís cosido durante siete meses por Paz Giral (con piezas hechas a mano por Pitos y flautas). Todo el espacio giraba en torno a un espacio central que se abría a cuatro espacios más: una cocina verde, un jardín azul, un lavabo rosa y un vestidor amarillo. Cuatro espacios, cuatro colores… Todo el apartamento era un tablero de parchís gigante y la partida ya ha empezado. 

“Si los felices pequeños pájaros azules vuelan más allá del arcoíris, ¿por qué no puedo yo?”, cantaba Judy Garland… pero se puede porque a pesar de la tempestad hay que seguir moviendo ficha y seguir jugando porque hay que pasar por la tormenta para poder ver el arcoíris.