Cubos en danza

Quiero presentaros un proyecto muy especial para mí, no sólo porque fuera el primero, sino porque fue la chispa que me ha convertido en quien soy ahora. El objetivo era convertir un garaje de unos 200 m2 de planta en una vivienda para la familia de un bailarín. Elegí el cubo como elemento geométrico básico y la búsqueda de la luz como premisa inspirándome en las cajas vacías de Oteiza.

Así, el cubo se convierte en el eje de la distribución del espacio: de 4 metros cuadrados de planta para los espacios principales y de 3, 2 y 1 para los secundarios. Los cubos se mueven, se abren, se rompen, se doblan creando movimiento tanto en planta como en fachada, donde parecerán danzar sobre una lámina de agua entre el forjado inferior y el forjado superior.

Cada cubo tiene una función en la vida de la casa y se unen a otros cubos para completarse o bien crean nuevos espacios de encuentro entre cubos, adaptándose a las necesidades del espacio y buscando la luz que entra, sale, se refleja o se proyecta también de una forma diferente según el espacio.

Los cubos danzan escribiendo un lenguaje propio en cada espacio: en la suite infantil el cubo principal se rompe con dos cubos de cristal, uno hacia afuera y otro hacia dentro simbolizando la curiosidad por el mundo exterior y la instrospección de un niño por conocerse; en la suite principal, el cubo parece haberse roto por un rayo simbolizando la pasión; en la sala de ocio, el cubo se abre en la parte superior dejando entrar la luz como inspiración; y en el salón el cubo se abre en un perfecto cubo enseñando la parte pública y perfecta de una familia.

Y dentro de cada cubo, el cubo sigue estructurando la composición de mobiliario con otros cubos que también se rompen, se doblan o se mueven para satisfacer las necesidades del espacio.